espigadora de higos

25 septiembre 2026

solo este curso que comienza, de octubre a diciembre: percusión tradicional, violonchelo, lenguaje musical, escalada, italiano. y un cursillo sobre sostenibilidad, también, ah, y el trabajo de fin de máster.

aunque yo lo estoy llamando:el cuatrimestre de las pasiones, y me gusta llamarlo así, porque me hace sortear de algún modo la insoportable sensación de no estar cobrando un salario durante unos meses, y dedicar mi precioso tiempo a eso, las pasiones, mis pasiones, a cultivar un cerebro que me preocupa se pudra, unas manos que temo se atrofien y un oído que espero nunca deje de hacer aquello para lo que fue diseñado y concebido, eso es, oír.

pero por mucho que yo me ocupe concienzudamente de ese cultivo, lo que no puedo sortear es mi presencia constante en internet y mucho menos olvidar aquel meme que vi deslizándome entre el algoritmo que hablaba de los pobres niños que, después del colegio, iban a todas las extraescolares que ofreciera su ayuntamiento de turno, además de la academia privada de inglés y nosecuántas cosas más, en ese proyecto de sus padres por construir al niño-robot-perfecto con un currículum vitae impecable que ya sé que tienes siete años y no sabes lo que es, pero ya lo sabrás y me lo agradecerás, hijo. y me reconocí en ese pobre niño pero con ¡24 años! y por voluntad propia. y también agradecí a mis padres haberme metido en una academia de inglés porque el titulito me ha servido para esgrimirlo aún ahora que no me gusta ni hablarlo. 

yo no sabía de qué hablaba la gente cuando hablaba de una higuera, ni por qué estaba harta de verla por todas partes, porque yo no había visto aquella higuera nunca. esta semana me decidí a leer por fin aquella novela que guardaba polvo desde 2018 en mi estantería. y allí me encontré de bruces con la dichosa higuera, me sentí identificada y súper especial, y al instante se me desinfló el ego recordando el hartazgo de las escritoras de substack. claro, es que yo llegaba muy tarde, tan tarde que no es que se hubieran podrido los higos, sino que habían vivido varios ciclos de vida más, habían sido compost y luego fruto y luego breva y luego mercancía del carrito de una señora que sale de noche a recolectar antes de que la vean sus vecinas (la señora soy yo) y etc.

por si aún queda en internet alguien que no sepa de qué estoy hablando, que, al parecer, es IMPOSIBLE o eso he aprendido en substack esta semana, en la página 95 de mi edición de La campana de cristal, de Sylvia Plath, me encontré con esto:

Me vi sentada en la horcadura de esa higuera, muriendo de hambre solo porque no podía decidir cuál de los higos deseaba. Los quería todos, pero elegir uno significaba perder los demás, y mientras permanecía allí sentada incapaz de decidirme, los higos empezaban a arrugarse y a ponerse negros, y uno por uno caían al suelo a mis pies.

una bella metáfora sobre todas las posibilidades que te brinda la vida y no saber escoger nada y sobre los niños-extraescolares que no tienen ningún talento concreto pero hacen de todo. un quien mucho abarca poco aprieta de toda la vida, un no se puede estar en misa y repicando, o un querer estar al plato y a las tajás, para que nos entendamos todos. 

y porque más sabe el diablo por viejo que por diablo, me fio yo mucho de estos continentes de sabiduría ancestral que son los refranes populares. pero, sin embargo, aquí estoy, con una humilde pero honda cestita de mimbre intentando agarrar todos los higos que se caigan, que uno solo me sabe a muy poco. y los que no me lleguen, me los guardo para hacer higos secos que le encantan a mi madre. y el año que viene habrá más, que de eso trata en realidad la vida: baby la vida e' un ciclo.

un par de cosas para cerrar:


abrazos y vamos a intentar pasarlo un poquito bien!

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