tantas cosas por escribir

12 septiembre 2026

Un poema:

luna lunera

la luna llegaba gastada a nosotros
ya usada por otros
otros enamorados o a punto de enamorarse
parejas estables alemanas
la veíamos sin emocionarnos, decepcionados
una informativista luciendo la misma blusa
que el día anterior
una top model descalza paseando por su casa
las plantas de la plaza esperaban el rocío
la fuente estaba apagada, a oscuras, negra
era tarde, la gente normal estaba durmiendo
no tenía ganas de darte besos
de de decirte palabras ingeniosas, ni nada
pensaba en otras cosas, pensaba, por ejemplo
que mi corte de pelo era como para andar soltero
nada me hacía recordar momentos lindos
era un momento feo, malo
los momentos malos son como helados granizados
el helado se derrite en tu boca
y te queda la lengua con pedacitos de chocolate
me olvidaba que existían las segundas oportunidades
vos decías que era invierno pero que
en el medio de la tierra había fuego
sentía que me aburrías
sentía que me quitabas, me robabas el tiempo
que eras como la gente del campo en las mañanas
que chupa la leche directamente de la ubre
hablabas de irte del país, irte solo, trabajar en bares
no querías irte a españa como todos tus amigos
decías que el futuro estaba en portugal
yo estaba seguro que eso
era lo mejor que podías hacer

De repente, he vuelto. Y con toda la energía de la que soy capaz, me he metido de cabeza en el código HTML de Blogger y he estado trasteando algunas cosas, recordando mi pasado de casi-aprendiz-de-programadora (que ahí se quedó, y luego nada que ver). Aparentemente no ha cambiado nada. Nadie entra a leer mis posts desde hace ya varios años, así que nadie se acordará de cómo era antes ni se dará cuenta de lo que ha cambiado. Pero si me conoces de verdad, como persona, como Lucía, sabrás que me obsesionan las tipografías y las fuentes y que algo que hago -con frecuencia, sorprendentemente- es cambiar las tipografías de mi vida. Últimamente me obsesionan bastante las fuentes tipo Monospace, así que me he decidido por ellas. Esa estética old internet me puede... Pero se me escapan los conocimientos de programación necesarios para hacer algo más que cambiar un tipo de letra y unos colores. Además, ya nadie publica tutoriales en sus blogs sobre cómo personalizar tu blog de Blogger. Recuerdo algunos de los que era muy asidua y que básicamente me enseñaron todo lo que sé (o sabía). Todo el mundo lo deja, al final, parece. Recuerdo leer que era posible ganar dinero con tu blog. Menos mal que nunca fue mi idea.

Ha cambiado mucho el panorama de la publicación en internet desde la última vez que fui realmente constante con las entradas aquí. Han surgido mil plataformas nuevas, formatos, personalidades, conceptos. ¿Dónde entran los blogs de literatura en este nuevo paradigma digital? Aunque también hace tiempo que este no es un blog de literatura. Sin embargo, si algo se ha mantenido constante en mi vida todos estos años, además del estudio, es la lectura. Otras cosas a su alrededor han cambiado: por supuesto, ya no leo las mismas cosas. También me he atrevido a dejar libros a la mitad (esto aún me cuesta). Y, sobre todo, ya no me veo capaz de escribir las reseñas que escribía en su momento, algunas largas y minuciosas, otras más escuetas. Hay tantas cosas por escribir... y cada día me siento menos capaz. Porque leo a otras personas y no puedo evitar compararme, pensar en que probablemente sigan la rutina perfecta de escritura de Virginia Woolf, lean mucho más que yo, sean mucho más inteligentes y sepan conectar ideas de formas originales y novedosas, lo que les permite escribir largos libros y no abandonar el proyecto a la mitad, como creo que me pasaría a mí si volviera a abrir un documento de texto con la idea de escribir un libro.

En fin, yo sé que ya nadie lee blogs. En realidad, esto es un puro ejercicio nostálgico y personal de práctica de escritura, de enfrentar esa incapacidad que se ha apoderado de mis dedos y mis ojos y mi cerebro. De decirme: PUEDO ESCRIBIR. No solo puedo escribir: SÉ HACERLO, Y SÉ HACERLO BIEN. Y huir del cajón de la autoficción y el diario personal en el que parece que nos estamos metiendo muchas mujeres. Y ESCRIBIR POR ESCRIBIR, PORQUE QUIERO Y YA. DE LO QUE QUIERO, CUANDO QUIERO, ESCRIBIRESCRIBIRESCRIBIRESCRIBIRESCRIBIRESCRIBIRESCRIBIR.

También hacer muchas fotos. OYE. Una práctica artística-old-internetiana. Hacer lo que me plazca y disfrutar de todo ello. Qué mierda que la IA pueda entrar en todo esto y fagocitarlo y vomitarlo convertido en un monstruo con mil ojos y piernas y dar ideas masticadas con restos de comidas anteriores.

La probre quimera de Ligozzi se lleva la palma de oro porque no he podido encontrar algo mejor para representar esa idea de monstruo frankenstein fagocitado.

En definitiva, que estos meses, en realidad, he estado pensando mucho. El problema ha sido la pereza, la sobreestimulación, las pantallas, el trabajo, la lejanía con la creatividad que antes inundaba todo en mi vida y que tenía presente a cada minuto. ¿Dónde quedó ahora? ¿Cómo recuperarla?

Sobre el poema del principio: no es mío, ¡ya me gustaría! Lo cierto es que lo leí en un fanzine que llegó a mí por casualidad, en la fiesta de cumpleaños de un bibliotecario, que se llama Cuestión de tamaño, de Daniel Umpiérrez. De todos los que leí, creo que es el que más me gustó, aunque yo no sé de esas cosas. 

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